El Salvador: Discurso de Alberto Brunori durante la conmemoración del 40 aniversario de las masacres de El Mozote y lugares aledaños

Caserío El Mozote, El Salvador -11 de diciembre de 2021

Estimadas y estimados integrantes de la Asociación Promotora de Derechos Humanos de El Mozote

Estimadas y estimados representantes gubernamentales (Por definir en el lugar, si ellos se encuentran)

Estimadas y estimados miembros del cuerpo diplomático acreditado en El Salvador

Estimadas y estimados miembros de la prensa nacional e internacional

Amigos y amigas participantes.

Venir a este lugar siempre provoca sentimientos encontrados.

Me resulta inevitable que mi mente desencadene todas las fotografías, los informes y los recuerdos, y con ello, el dolor desde el que me solidarizo con las víctimas de lo sucedido en aquellas aciagas fechas del 10, 11, 12, y 13 de diciembre de 1981, en los cantones El Mozote, El Pinalito, Ranchería, Los Toriles, Jocote Amarillo, Cerro Pando, La Joya y Cerro Ortiz.

Sólo haciendo este ejercicio de recuerdo, vienen también a mi mente muchas otras masacres, que lamentablemente han sucedido en nuestro planeta, y que nos llenan de vergüenza y angustia, como el genocidio de Ruanda, la masacre de Srebrenica, y tantas otras más, que exhiben la ilimitada capacidad de hacer mal que tienen algunos. Yo aún me pregunto ¿Cómo pueden quienes ordenaron, asintieron, implementaron y colaboraron con esta masacre, ver a los ojos a los restantes seres humanos? ¿Cómo se puede acumular tanto rencor contra la humanidad? Yo no logro construir una respuesta. No encuentro ni las palabras ni los significados adecuados que me lo permitan.

Pero también este lugar lleva una esperanza. Quizás no una, sino varias esperanzas. Hay en los ojos de sus habitantes y en los de quienes acompañamos este memorable evento, una esperanza en la realización de la justicia, aunque la justicia, lo saben las personas presentes aquí hoy, no revierte el pasado ni devuelve a los familiares.

Hay también una esperanza en el cumplimiento de las reparaciones que ordenó la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para resarcir los daños causados, no solo a las familias, sino especialmente a la comunidad, una comunidad que aún siente y que planta con enorme dignidad, el recuerdo de lo sucedido, para que no se nos olvide el dolor, pero para que tampoco perdamos aquella esperanza.

Son 40 años…

Se dice fácil, y parece que es sólo un pestañeo. Pero hace 40 años, con El Mozote, se transformó un país entero, y es El Mozote quien sigue incluso empujando por una nueva transformación. Esta nueva transformación está claramente vinculada a la superación de la impunidad en la que se encuentra esta masacre. La impunidad de los hechos graves, como éste, alimenta y naturaliza una cultura de desprecio por la ley, y con ello, un mar de consecuencias negativas para el país. Y esa es la transformación a la que nos invita El Mozote, a transformar esa cultura, y a colocar en el respeto a las leyes el parámetro de la convivencia.

40 años más tarde, la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos está aquí, para expresar su solidaridad y su acompañamiento con el dolor de cada persona, de cada familia, de la comunidad y su asociación de promoción de los derechos humanos, y con el dolor que aún marca a El Salvador. Y seguiremos acompañando directamente la urgencia por la justicia —que ya no puede esperar— y apoyando las iniciativas que se dirijan a la preservación de la memoria y al conocimiento de la verdad de lo sucedido, para que estos indignantes hechos ocurridos contemporáneamente a la conmemoración de la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, no vuelvan a suceder.

Estimados amigos y amigas:

Lo que no hicimos en el pasado, sigue estando aquí. Pero también, todo lo que se hizo, y en particular lo que se hizo bien, produce aún notorios resultados. Es por ello que quiero utilizar esta ocasión, además de acompañar en el sentimiento a todas las personas que aún sienten el dolor y la indignación de El Mozote, para recordar el trabajo inagotado que impulsó en su momento nuestra apreciada María Julia Hernández y su equipo, un trabajo que rinde sus frutos aún hoy, en las salas de audiencias.

Amigos y amigas,

Antonio Machado compartió con el mundo una reflexión, y yo quiero hacer mías sus palabras:

Hoy es siempre, todavía.

Toda la vida es ahora.

Y ahora es el momento de cumplir

las promesas que nos hicimos.

Porque ayer no lo hicimos.

Porque mañana es tarde. Ahora

Pues la promesa está ahí: romper la impunidad sobre esta y las otras graves violaciones a los derechos humanos. Esa impunidad que se manifiesta como una atadura que limita los alcances de la paz; porque debemos reconocer que a la paz no sólo se llega silenciando las armas, también se llega por los caminos de la justicia. Una justicia que debe ser tan independiente como imparcial, como pronta y cumplida.

Fin



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