35 aniversario de la masacre de El Mozote

Palabras de Alberto Brunori

Representante Regional para América Central
Oficia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH)

 El Mozote, viernes 10 de diciembre 2016

Excelentísimo Vice-Presidente de la República, Oscar Ortiz,

Excelentísimo Presidente de la Asamblea Legislativa, Guillermo Gallegos,

Excelentísimo Magistrado de la Sala de lo Constitucional, Florentín Meléndez,

Licenciada Procuradora para la Defensa de los Derechos Humanos, Raquel Caballero de Guevara,

Honorables representantes de los poderes del Estado,

Es un verdadero honor para mí, acompañarles en esta conmemoración a 35 años de la masacre de El Mozote, en particular en el Día Internacional de los Derechos Humanos, y en mi calidad de Representante Regional del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos para América Central. Agradeciendo la invitación extendida por la Procuradora para la Defensa de los Derechos Humanos, y con profundo respeto tomo la palabra en esta ocasión, con el fin de compartir con ustedes algunas reflexiones en torno al tema de justicia restaurativa y cultura de paz.

Quisiera comenzar primero que nada, por hacer un profundo homenaje a aquellas personas que lamentablemente perdieron la vida hace 35 años, como también los sobrevivientes y familiares que tuvieron el coraje y el valor de denunciar estos hechos e impedir que queden en silencio. Ya que seguramente no quedaron en el olvido!

La sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de fecha  25 octubre de 2012, relativa al caso de la masacre ocurrida en El Mozote y lugares aledaños al municipio de Arambala, en el departamento de Morazán, el 11 de diciembre de 1981 ha sido muy importante para dar a conocer al mundo lo que aquí sucedió.

Los dibujos de los niños y niñas y las placas que vemos en estas paredes representan cada uno de ellos, un futuro robado, una familia devastada y nos recuerdan dolorosamente las heridas profundas que todavía quedan por sanar. Estos dibujos me recuerdan aquellos que he visto en el país vecino, Guatemala, mismos que están siendo exhibidos en el museo de la memoria. De los niños y  niñas para los niños y niñas, que han vivido la guerra no olviden sus consecuencias y, los que no la han vivido aprendan que la verdad, la justicia y la reparación son garantía de que no se repita.

Para fomentar una cultura de paz, es necesario sanar las heridas del pasado. Como lo demuestran las experiencias de conflictos en otros países, y como ustedes mejor que nadie lo viven día a día, la consolidación de la paz es un proceso y al caminar esta ruta pacífica debemos tomar el tiempo de oír las voces que exigen la verdad, la justicia y la reparación. Y las instituciones del Estado, además de oir, tienen la obligación de dar respuestas en línea con las obligaciones internacionales en materia de DDHH.

Como ya lo destacó el Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, en su informe al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2015, estos tres elementos hacen referencia a medidas. En los textos fundacionales se observa ya esta variedad cuando se mencionan, entre otras, la reforma de las instituciones, el desmantelamiento de los grupos armados no oficiales, la derogación de la legislación de emergencia que sea incompatible con los derechos fundamentales, la investigación de los antecedentes de los miembros de las fuerzas de seguridad y el poder judicial, la protección de los defensores de derechos humanos y la formación en derechos humanos de los miembros de las fuerzas de seguridad”. (Informe de Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, A/HRC/30/42, 7 de sept 2015, para. 23.)

También destaca el Relator que “el tipo de transformaciones que se requieren para aproximarse a algo que se parezca a las garantías de no repetición cuando se han cometido violaciones masivas, no pasan por reformas institucionales por si solas, ya que el reto de administrar justicia de manera retroactiva no es un acto técnico.” “Las transformaciones sociales duraderas precisan intervenciones no solo en la esfera institucional, sino también en la esfera cultural.” (Informe de Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, A/HRC/30/42, 7 de sept 2015, para. 32.) Requieren, por ende, un acto de voluntad política que impulse de manera sostenida aquellas transformaciones estructurales que estuvieron y siguen estando al centro de las demandas de derechos humanos de la ciudadanía.

Me atrevo por tanto, a sugerir que sin transformaciones sociales no puede haber una verdadera cultura de paz.

Considero que este acto en el que estamos participando el día de hoy, contribuye a este cambio.

El Salvador está pronto a celebrar 25 años desde la firma  de la paz. Nuestra Oficina  reconoce los tremendos avances que ha realizado el Estado salvadoreño en dar a conocer las graves violaciones que se cometieron en este sitio, como también en otros. Los enormes avances del país, como lo son la consolidación de procesos democráticos y transiciones de gobiernos de forma democrática, son de suma importancia, como también lo son los avances de la Corte Suprema de Justicia este año, y la orden de reabrir las investigaciones por el Juez Segundo de Primera Instancia de San Francisco Gotera, el 30 de septiembre 2016. Las exhumaciones, que entiendo se están llevando a cabo justo en estos días aquí en las áreas de la masacre, permiten a los familiares de las víctimas encontrar sus seres queridos y darles así digna sepultura para que finalmente, después de 35 años, es decir casi una vida, puedan encontrar un poco de paz. Actos de valentía, y una demonstración de que el país está en buen camino.

Corresponde ahora entonces avanzar hacia la justicia. Es necesario investigar para encontrar la verdad  y lograr la verdadera reparación. No existe reconciliación justa y duradera si no se satisface la necesidad de justicia. El perdón que se pidió es sin duda un factor importante de la reconciliación, pero supone como acto privado que la víctima y sus derecho-habientes conozcan al autor de las violaciones y que hayan tenido la posibilidad de conocer los hechos y así como escuchar el arrepentimiento de los responsables de dichas violaciones.

Los Estados deben garantizar la participación de todas las partes involucradas, tanto los familiares como las organizaciones que tienen un interés legítimo de participar. La necesidad de estar unidos frente a un interés común; de saber dónde están los restos de sus seres queridos, como de llevar adelante las exhumaciones, permite a las víctimas y a sus familias sobrellevar el duelo y lograr enterrar los restos de sus familiares.

 

Señoras y señores,

Las graves violaciones de los derechos humanos, los crímenes de lesa humanidad, el genocidio, los crímenes de guerra en El Salvador ya no son objetos de una ley de amnistía, gracias al trabajo de la Corte Suprema de Justicia y jueces y otros operadores de justicia del país.

Los testigos que violentamente perdieron sus vidas en El Mozote no están hoy aquí, pero sus testimonios nos acompañan. Muchos familiares de las víctimas ya se están haciendo mayores y temen que no llegaran a saber la verdad ni a lograr que se haga justicia antes de morir.

Celebramos hoy el compromiso que transciende los intereses políticos, económicos y de otra índole. Veamos hacia el futuro con la certeza de saber que nuestro legado sí importa, y que lo que dejamos de hacer también importa. Esta conmemoración es un momento histórico. Solo así se logra celebrar una verdadera cultura de paz; dialogando, trabajando juntos y tomando pasos valientes hacia una verdadera justicia y reconciliación.

La comunidad internacional se pregunta, ¿qué hace falta ahora y cómo puede apoyar los esfuerzos que ustedes están haciendo? Sin duda alguna, y como lo ha venido haciendo hasta ahora, la comunidad internacional seguirá apoyando los decididos esfuerzos de El Salvador en la búsqueda de la justicia. El silencio, el olvido, la ignorancia ya no son una opción. Lo hemos visto en muchos lugares. Si no se hace justicia, la impunidad del pasado se vuelve la impunidad del presente.

Desde ya, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que tengo a bien representar, se pone a disposición para acompañar los procesos que lleven a cambios concretos para la vida de las personas, como un ejemplo para la región y el mundo en materia de justicia y derechos humanos, de acuerdo a las necesidades propias.

Por último, no quiero concluir sin dejar pasar la oportunidad de felicitar a El Salvador por la reciente elección del Representante Permanente de El Salvador ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, como próximo Presidente del Consejo de Derechos Humanos para el período 2017, lo que sin duda es muestra del decidido compromiso del país con la promoción y protección de los derechos humanos.

Muchas gracias.



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