“Los torturadores serán llevados ante la justicia tarde o temprano” – Jefa de Derechos Humanos de las Naciones Unidas

GINEBRA. “Desde 1976, durante el periodo de la dictadura militar en Argentina, el director de prisión Abel Dupuy ordenó la tortura sistemática y el trato cruel, inhumano y degradante de docenas – tal vez cientos- de prisioneros políticos.

Los reos de nuevo ingreso, esposados y encapuchados, eran recibidos por dos hileras de guardias que los golpeaban conforme entraban a la prisión. Muchas veces los desnudaban por completo antes de que empezaran las sesiones de tortura.

Las víctimas sufrieron graves daños físicos y mentales, mientras que el torturador en jefe vivía libremente en Bueno Aires. Fue hasta décadas más tarde que se emitió una orden de arresto en contra de Dupuy. En octubre del año pasado, más de 30 años después de que se dieran las primeras palizas siguiendo sus órdenes, fue que finalmente se hizo justicia y Dupuy fue sentenciado a cadena perpetua.

En muchas partes de América Latina y en otros lugares del mundo, hemos visto avances esperanzadores en la puesta en práctica estricta del derecho internacional que prohíbe la tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes. En ocasiones, muchos años después de la comisión del crimen.

En Argentina, en octubre del año pasado, 748 personas fueron acusadas por crímenes graves que se cometieron durante el periodo militar y 81 personas, entre ellas Dupuy, fueron sentenciadas. En Colombia, una nueva ley en pro de las víctimas ha tomado provisiones para reparaciones, restitución y otras medidas a favor de las víctimas de violaciones de derechos humanos que se cometieron durante el conflicto. Los arrestos de Radovan Karadžic y de Ratko Mladic y su acusación por haber llevado a cabo violaciones de los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, incluyendo la tortura, han reforzado la lucha mundial para prevenir la impunidad. El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia ha condenado a 161 criminales, y en muchos de estos casos se incluyeron  cargos por tortura.

La tortura es ilegal y si se lleva a cabo sistemáticamente puede representar un crimen de guerra o un crimen de lesa humanidad. Bajo ninguna circunstancia se justifica el uso de la tortura contra alguien por razón alguna. Ni un estado de emergencia, ni un conflicto, ni la lucha contra el terrorismo, ni la lucha contra el crimen justifica el uso de la tortura. Estas prácticas deshumanizan tanto a la víctima como al perpetrador y dejan cicatrices en la gente, en las comunidades y en sociedades enteras que son difíciles de sanar. El proceso de sanación empieza con la justicia e involucra rehabilitación a largo plazo de las víctimas y los infractores, así como la reparación. Estas medidas necesitan ir acompañadas de la capacitación de agentes policíacos y un enfoque de cero tolerancia al uso de la tortura.

Tristemente, a pesar de la prohibición de la tortura y otras prácticas crueles, inhumanas y degradantes en el derecho internacional, se continúan documentando diariamente ejemplos terribles de su uso. La práctica de la tortura, es síntoma de gobiernos desesperados y despóticos y de sistemas de procuración de justicia disfuncionales, y sigue siendo común. Como hemos visto muy gráficamente en el norte de África y en Oriente Medio en los últimos meses, hombres, mujeres y niños han sido torturados en detención simplemente por expresar sus opiniones políticas para extraer forzosamente confesiones o simplemente por haber estado en el lugar incorrecto en un momento indebido.

Detrás de su uso común, existe la expectativa de la impunidad por parte de quienes dan las órdenes, quienes las ejecutan y quienes fingen no darse cuenta de lo que está pasando.

Gracias al coraje y la determinación de las víctimas y los sobrevivientes y los esfuerzos incansables de los defensores de derechos humanos, cada día se responsabiliza a más personas y los perpetradores de la tortura ya no pueden contar con salirse con la suya con sus actos abyectos.

El tipo de procesos que estamos presenciando ahora, aún décadas después de la comisión de actos criminales de tortura, envían un mensaje muy poderoso.

Casos como el de Dupuy demuestran que con el cambio en los tiempos también cambian los regímenes, como ocurrió en América Latina a finales del siglo XX y está comenzando a ocurrir en el norte de África y en el Medio Oriente. De hecho, una de las víctimas de Dupuy, Jorge Taiana, llegó a convertirse en ministro de Relaciones Exteriores de Argentina y testificó en su juicio el año pasado.

El fortalecimiento de los mecanismos de justicia internacional, incluida la Corte Penal Internacional, significa que también han aumentado enormemente las probabilidades de que los torturadores sean atrapados algún día, ya sea a nivel nacional o internacional.

Los gobiernos despóticos y sus funcionarios deben tener cuidado, pues la tortura es un grave crimen internacional y más torturadores serán castigados, tarde o temprano.”

* Traducción no oficial elaborada por el Centro de Información de las Naciones Unidas en la Ciudad de México 

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Estado de la firma y ratificación de los tratados internacionales sobre derechos humanos, incluyendo la Convención contra la Tortura (en inglés):

http://treaties.un.org/Pages/Treaties.aspx?id=4&subid=A&lang=en

 

Sitio en Internet del Fondo de las Naciones Unidas de contribuciones voluntarias para las víctimas de tortura (en inglés):

http://www.ohchr.org/EN/Issues/Pages/TortureFundMain.aspx

 

Relator Especial sobre la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes (en inglés)

http://www2.ohchr.org/english/issues/torture/rapporteur/

 Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos: For more information about the UN High Commissioner for Human Rights:

http://www.ohchr.org/SP/AboutUs/Pages/HighCommissioner.aspx

 Para obtener más información o establecer contacto, los medios de comunicación pueden acudir al vocero Rupert Colville (+41 22 917 9767 / rcolville@ohchr.org) o a los oficiales de prensa Ravina Shamdasani (+ 41 22 917 9310 / rshamdasani@ohchr.org) y Xabier Celaya (+ 41 22 917 9383 / xcelaya@ohchr.org).

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